Memoria sin rencor

En la Asociación Cultural Líber, tenemos contraída una considerable deuda de gratitud con Antonio Rivero Taravillo, entre otras razones, por haber aceptado ser el protagonista del que fue nuestro primer acto público, el pasado mes de marzo. Pocos días después de la celebración de aquel emotivo homenaje a Irlanda en un conocido pub de resonancias internacionales, empezó a distribuirse en librerías, por obra y gracia de La Esfera de los Libros, la tercera novela de nuestro buen amigo, El ausente. Un relato de más de trescientas páginas, cuyo subtítulo La novela de José Antonio Primo de Rivera lo sitúa en los resbaladizos terrenos de la novela histórica y de la incorrección política.
Calificamos a sabiendas como resbaladizo el campo de la novela histórica porque, a pesar del notable éxito popular de este género, consideramos que a menudo confluyen en él la falta de gracia literaria con la de rigor en el tratamiento de los hechos del pasado. Defectos estos afortunadamente inexistentes en este nuevo libro de Rivero Taravillo, en el que se conjugan una elegante prosa y una gran fidelidad a los hechos históricos en él narrados.
Se trata de una novela articulada en treinta y tres capítulos, el mismo número de años que viviera José Antonio, cuyo nombre de pila bastó durante décadas para que varias generaciones de españoles supieran de quién se hablaba. Los impares, escritos bajo el punto de vista del narrador, se desarrollan durante los poco más de tres años que transcurren entre la fundación de Falange Española y la ejecución del primogénito del general Primo de Rivera. Los pares, falsamente autobiográficos, dan voz al protagonista, iniciándose en el traslado hacia la que sería su última morada, la cárcel provincial de Alicante y finalizando con la redacción de su último testamento. Tanto en unos como en otros, introduce Rivero Taravillo numerosos fragmentos de textos originales del propio José Antonio, desconocidos para aquellos lectores poco o nada familiarizados con las numerosas ediciones que con mayor o menor fortuna se han realizado, a lo largo del tiempo, de sus escritos y discursos.
 Escribíamos más arriba de la posible incorrección política a la que se enfrentaba el escritor a la hora de publicar esta novela y hemos de decir que Rivero Taravillo se maneja con la suficiente habilidad como para no merecer reproche alguno por los modernos inquisidores. Su retrato de José Antonio Primo de Rivera es el de un hombre contradictorio en el que se mezclan las luces y las sombras. A las primeras se agarrarán sus cada vez más escasos seguidores y a las segundas sus también cada vez más escasos detractores, para no cambiar sus opiniones preconcebidas. Unas y otras aportarán en cambio valiosa información a esa mayoría de potenciales lectores que partirán de un escaso o nulo conocimiento del personaje y de una actitud de indiferencia hacia su legado histórico o político. Especialmente en aspectos en los que el autor se centra con mayor detenimiento y deleite: su vida sentimental, su relación con literatos e intelectuales del periodo republicano y las múltiples y fallidas intrigas internacionales que se fraguaron en vano para intentar su rescate de la prisión alicantina.
De ello hablarán con toda seguridad el propio Antonio Rivero Taravillo y el crítico Fran G. Matute en la presentación oficial de El ausente en Sevilla, el próximo jueves 14 de junio, a las 20:30 horas, en la sala cultural La Revuelta y bajo el patrocinio de una conocida asociación cultural hispalense. Estamos seguros de que el autor tendrá tiempo de sobra, en ella, para explayarse sobre su visión de José Antonio, tan alejada del triunfalismo de banderas victoriosas de la España de la posguerra, como del revanchismo latente en la “Memoria” actualmente imperante.
Para la Asociación Cultural Líber, El ausente es el retrato, magníficamente novelado y de lectura altamente recomendable, de un joven activista que soñó un día con ser el Mussolini español y que compartió con este el trágico destino de morir fusilado por sus adversarios, sin haber disfrutado un segundo, a diferencia del líder italiano, las delicias del poder. Una figura propia de una dramática etapa de nuestra historia que nos negamos a ilustrar con una de las archiconocidas fotos del dirigente falangista o de sus seguidores uniformados. Preferimos hacerlo, por el contrario, con una imagen de época tomada en los exteriores del recinto en el que pronunció el único mitin electoral de su breve carrera política, celebrado en la capital del valle del Guadalquivir.


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